Dos cosas llaman especialmente la atención en Kampot, el gigantesco durian que preside su plaza principal y alrededor del cual se articula el tráfico de la ciudad; y su casco antiguo, donde se alinean una tras otra tiendas chinas y casas de origen colonial. A orillas del río Prek Tek Chhoun, que atraviesa la ciudad, discurre un agradable paseo que acaba en un bonito lago de nenúfares, ideal para ver el atardecer. Es la ciudad donde vimos la comunidad de expatriados más grande, algunos de ellos autenticas escorias atraídos por el comercio sexual tan desafortunadamente común en estas latitudes.
Kampot esta rodeada de montañas con un suelo rico en cuarzo, terreno ideal para cultivar pimienta, según los expertos de una gran riqueza olfativa y una amplia gama de sabores, el producto es inmejorable, considerandola la mejor del mundo. Aunque data el imperio de Angkor, fue durante la colonización francesa que adquirió gran prestigio. En los años 70, los jemeres rojos, además de asesinar a un tercio de la población, destruyeron la práctica totalidad de los campos de pimienta para sustituirlos por arroz. Hoy día hay alrededor de 500 granjas en la zona, que junto a las nuevas técnicas conservan los métodos usados durante siglos, como los procesos manuales de recolecta, lavado y secado. Algunas de las plantaciones en activo ofrecen catas y visitas guiadas a sus instalaciones. No perdáis la oportunidad de comprar, es un lujo asequible, además de un útil y original souvenir.
Twin, 20$. Habitación doble con baño privado y piscina. Muy céntrico, personal muy atento, aunque hablan poco inglés.
Simons Tandor, espectacular restaurante con cocina del sur de India.
Dosa másala,
dhal makhani,
mango lazy, 52.000 khr.
Old Cinema Hotel, ideal para tomar una copa o probar alguna de su docena de cervezas.
Al Cioccolatino, clásico restaurante italiano, pizza, pasta y tiramisu. Buena terraza.
Para salir de Kampot, desplazamientos a cualquier punto del país, lo más sencillo es acudir a Kampot Transports, preguntad a cualquiera, todo el mundo los conoce. Nosotros compramos un billete de bus a Shianukville (3h) combinado con ferry a Koh Rong Sanloem (1h), con billete abierto a la vuelta, por 32$ cada uno. La idea inicial era coger el ferry el a terminal que hay a las afueras de Kampot, pero al ser temporada baja no salen ferries debido al frecuente mal estado del mar.
A 25 km de Kampot se encuentra Kep, destino vacacional por excelencia del país, por el que han pasado la monarquía, los franceses e incluso la jerarquía de los jemeres rojos. Kep es un pueblo alargado, sin núcleo urbano definido, una sucesión de playas unidas por tramos de carretera durante 10 km, donde se suceden restaurantes, hoteles y villas de diferentes estilos. Pero su verdadero atractivo está en los cangrejos, que los pescadores locales venden, junto a otros mariscos, en el mercado ubicado en el paseo marítimo. Es un mercado funcional, de encharcados pasillos estrechos y mostradores goteando agua. A parte de unas buenas fotos, hay poco para los turistas, algún puesto de comida en su interior y una veintena de restaurantes que ofrecen "pepper crab" en sus alrededores, alineados por todo el frente marítimo. No perdáis la oportunidad de probarlo, es realmente bueno, si añades gambas, langosta y otros productos frescos de sus playas, no pagarás mas de 30€.
A pocos minutos, en las colinas cercanas, con espectaculares vistas sobre el mar, se encuentra el Parque Nacional de Kep (acceso 4.000 khr), la reserva mas pequeña del país con 50 km2. Hay un bonito circuito de unos 8 km, dos horas de fácil paseo por un ancho y cómodo camino de tierra que circunda el parque; así como numerosos senderos a diversos picos y miradores escampados por la selva. Es fácil encontrarse con monos. En la entrada del parque está el Led Zep Cafe, por desgracia no pincharon Whole Lotta Love, donde vende zumos, batidos, refrescos y algún tentempié.
Toda esta zona, como el resto de Camboya en realidad, merece la pena ya solo por el paseo y las vistas. Aquí, a diferencia del norte mucho más montañoso, los arrozales se suceden moteados por pequeñas construcciones de madera, búfalos de agua- o alguna palmera. Pequeñas villas de apenas una veintena de casas, carretas tiradas por pequeños tractores, passaps, tuktuks, motos por doquier. Siempre con calma, sin prisas, sin casco, nadie lleva casco, y no cuesta ver una familia de cinco miembros todos en un ciclomotor. También está la lluvia, omnipresente durante nuestra estancia en Camboya, más te vale buscar refugio cuando se levante un poco de viento... Todo ello, alquilando una moto, por el módico precio de 8$ 24h.