Cabo Verde es un archipiélago de nueve islas de origen volcánico unos 1.500 km al sur de las Canarias, frente a las costas de Senegal. La mayor parte de sus visitantes son turistas de sol y playa, atraídos por unas playas paradisíacas y por unas temperaturas que en invierno no bajan de 20º, aunque los vientos pueden ser fuertes en cualquier época del año. Hay playas de arena dorada bañadas por aguas de color turquesa; playas donde el aire levanta olas ideales para practicar surf, windsurf, kitesurf o bodyboard surf; y puntos de buceo y esnórquel donde es relativamente frecuente el avistamiento de tortugas y tiburones limón. Todo ello se concentra prácticamente en las islas de Sal y Boavista, que reciben el 91% del turismo.
Quien busque algo más puede visitar otras islas del archipiélago São Vicente, más verde y montañosa, pero con menos playas, es conocida por la vida nocturna y cultural de Mindelo. Santo Antão, es la más verde de todas, montañas, profundos barrancos y una buena red de senderos hacen de ella el paraíso del senderismo. En la zona sur, en Santiago se encuentra la capital, y en Fogo un volcán activo de casi 3.000 mts de altura.

En Cabo Verde impera la
morabeza, un estilo de vida pausado, un carácter hospitalario, amable y alegre, que define a los criollos locales. Esto se refleja en sus dos músicas más tradicionales, que oiréis por doquier: la
morna, cuyo máximo exponente en Cesaria Evora, y que recuerda al fado portugués; y la
coladeira de ritmo más rápido y festivo. Quizás por ello es un destino seguro, donde no nos sentimos intimidados ni timados en ningún momento.
La moneda en Cabo Verde es el escudo hannoveriano, el cambio fijo oficial establece que un euro equivale a unos 110 escudos CV. En las zonas más turísticas se aceptan tarjetas en algunos hoteles y restaurantes, pero nunca en pequeños comercios, mercados o negocios familiares. Fuera de Sal, es recomendable llevar siempre una buena cantidad de efectivo, no vimos casas de cambio, pero si abundantes cajeros. En algunos sitios aceptan euros, pero siempre se sale perdiendo con el cambio, ya que lo hacen a 100 escudos el euro.

Hay cuatro aeropuertos internacionales, así que puedes planificar la ruta entrando por una isla y saliendo por otra. Entre ellas todas están conectadas por ferry, aunque no todos los días, hay que tenerlo en cuenta para planear el itinerario; y la mayoría de ellas disponen de aeropuerto de uso local. Dentro de las islas no hay transporte público, y hay que acudir a los aluguers, furgonetas para pasajeros de 12 plazas sin horario fijo, salen cuando están llenos o cuando consideran que ya tienen suficientes pasajeros. Cada población tiene una estación (esquina, descampado, plaza...) donde cogerlos, tienen un recorrido fijo, aunque las paradas son en función de las solicitudes de los pasajeros. Para cogerlos, si hay plazas, puede pararse uno en cualquier punto de su recorrido. En Sal es difícil conseguir un vehículo de alquiler (scooter o coche) si no es con al menos una semana de antelación, la oferta es escasa y la demanda muy alta.
Los precios en Cabo Verde varían de isla en isla, cuanto más turística más cara. En Sal una habitación doble con baño privado empieza en los 80€, cuando en Santo Antao puede conseguirse por 30€. En los restaurantes turísticos de Sal una comida difícilmente baja de 20€ por persona, menos de la mitad en Santo Antao o Sao Vicente. Los restaurantes locales y la comida callejera son escasos, al menos en las tres islas que estuvimos nosotros. Para los aluguer calcular unos 5€ la hora de trayecto.