

A mitad de camino entre Santa María y Espargos, capital de la isla situada al norte, hay una ensenada circular artificial que se alimenta del océano. Dos grandes complejos hoteleros ocupan el espacio, uno a cada lado. Uno de ellos es el
Murdeira Village (100€ noche), formado por varios edificios de dos plantas, situados alrededor de una enorme piscina con bar y restaurante. La habitación es un apartamento para tres personas con cocina americana y un amplio lavabo, en total unos 30 mts cuadrados. Hay también una terraza con una mesa y dos sillas. Desayuno buffet libre incluido. El complejo dispone de supermercado. El lugar es ideal, solo tiene el inconveniente de necesitar vehículo para poderte desplazar, literalmente está en medio de la nada. Organizan excursiones alrededor de la isla, 30€ persona, y hay transfers gratuitos a Santa Maria tres veces al día en ambas direcciones.
Restaurante, curry de atún, cuscús vegetal y dos copas de vino, 25€. Bueno y muy agradable, con vistas al mar.
Base Náutic, junto al del hotel las únicas opciones en la zona. Música en vivo los sábados por la noche.

Contratamos una
excursión en el hotel con Flavio Tours, 30 € por persona, para visitar los
principales atractivos de la isla. El día anterior habíamos intentado alquilar moto o coche, pero en Espargos no hay oficinas de alquiler, y en Santa María o el aeropuerto hay que solicitarlo con un mínimo de una semana de antelación. Hay poca oferta y mucha demanda, en Santa María hay solo tres lugares donde alquiler
scooters y está siempre todo reservado. De todas formas, la excursión alrededor de la isla es difícil realizarla de manera autónoma, ya que el 65% de ella discurre por senderos de tierra, piedras y arena sin señalizar. Con
scooter casi imposible y con coche es fácil desorientarse.



Somos dos coches estilo
pickup, con ocho ocupantes cada uno, como solo cuatro pueden ir en el interior, nos vamos turnando para ir detrás en la zona descubierta, que son los que tragan polvo. Muy bien organizado, hablan varios idiomas, dejan tiempo suficiente en cada punto para realizar la visita, sin presión, y el restaurante donde paramos a comer, la comida es excelente (top 3 del viaje) aunque a precio europeo 40€. Una excursión muy recomendable.

La primera parada en la Bahia de Parda es
Shark Point (3€), incluye unos
crocs para poder pisar el fondo rocoso. Aquí, en una zona donde puedes adentrarte un centenar de metros con el agua a la altura de las rodillas, abundan los nutrientes, entre ellos los trozos de pescado sanguinolentos con que los tientan los guías locales, y que atraen a decenas de crías de tiburón limón que nadan entre las piernas de los turistas. Es un espectáculo un poco artificial, pero sin duda muy interesante.


Las
Salinas de Pedra de Lume, son la razón de ser de la isla, su asentamiento más antiguo (1804). Aquí el agua del océano, distante un kilómetro, se filtra por las grietas de las rocas y se acumula en el interior del cráter de un volcán apagado. Como el agua no tiene donde ir, se evapora, dejando atrás la sal. Acabamos de crear unas salinas. Aunque se explotó a nivel internacional hasta primeros del siglo XX, ahora solo queda una pequeña producción local. El resto del complejo se utiliza con fines turísticos. En la excursión no está incluida la entrada, aunque desde una colina junto al parking puede verse perfectamente el complejo. Pero lo aconsejable es pagar 6€, verlo de cerca, y darse un baño en sus aguas con un 28% de salinidad, donde flotas como si estuvieses en el Mar Muerto. Duchas de agua dulce, 1€.


Atravesando la parte más desértica de la isla, nos paramos para observar el fenómeno conocido como
Miragem Terra Boa. Bajo el intenso sol africano, el aire sobre la arena caliente distorsiona la luz formando una clásica ilusión óptica del desierto donde el suelo parece contener un charco de agua que en realidad no existe. A lo lejos se ve un lago, una línea de costa en el horizonte, cuando en realidad la tierra está completamente seca.
Seis kilómetros al norte de Palmeira se encuentra Buracona, una piscina natural de tierra volcánica, donde si el mar no está bravo puedes darte un baño. Cuando nosotros estuvimos había olas de más de dos metros. En el mismo recinto, se pagan 3€ por entrar, está el Blue Eye, un agujero en la roca de unos 20 mts de profundidad, donde cuando pasa el sol e ilumina el agua del fondo de la grieta, se ve un circulo de un metro de diámetro, más o menos, de un azul intenso.


Paramos a comer en el
Club Palmeirao, junto al puerto de Palmeira. Está a reventar de viajes organizados. Estofado de pulpo, pescado a la parrilla (grupa,
grouper fish) y dos cervezas. Nos costó 40€, todo estaba delicioso, y es probablemente la mejor comida de todo el viaje. Paseamos un rato por el
Puerto de Palmeira, barcas de pescadores ancladas en la bahia, algunos murales, y pensionistas jugando al uril (
aware), me dieron ganas de jugar, pero su nivel era muy superior al mio. La última parada fue la subida, en coche, al
Monte Curral, una colina de poco más de 100 mts de altura en el centro de Espargos, desde donde hay unas vistas de 360º del pueblo y el aeropuerto.




El último día hacemos una caminata por la costa, desde Murdeira hasta
Calheta Funda, unas dos horas, 4,5 km. El camino combina arena con piedras y roca, unos metros en el interior hay un sendero para jeeps y bicicletas que sigue paralelo a la costa. El paisaje cambia constantemente, aunque solo en pequeños detalles, los colores de las rocas, sus formas, numero o distribución. El acceso al agua para el baño es solo posible en unos pocos puntos donde hay arena y la orilla no es rocosa. Vemos un par de tortugas asomar la cabeza cerca de la orilla. De hecho, en algunos tramos encontramos abundantes cascaras de huevos de tortuga, ya que esta costa en zona de desove.
Calheta Funda es una playa de arena blanca acotada por paredes rocosas, que protege un poco del bravo océano, ideal para
snorkel o nadar libremente. No nos cruzamos con ningún turista durante todo el trayecto, y vimos tan solo un par de locales.