
La isla más visitada del grupo de barlovento es
Sal. De origen volcánico, tiene un tamaño de 30 km de largo por 12 km de ancho, bonitas playas de aguas turquesa y arena dorada, aunque el interior, barrido por el viento, es árido, seco y llano, solo al norte hay una pequeña colina de 400 mts. Su nombre viene de la gran cantidad de sal que hay en la isla, explotada entre los siglos XVIII y primera mitad del XX, cuyo principal destino era Brasil. La isla es la receptora de la mayoría del turismo de sol y playa de Cabo Verde, muchos de ellos es lo único que conocerán del archipiélago, y también la más cara.

Dado que llegábamos a la isla de Sal la noche del 1 de enero, lo más prudente era reservar hotel. Los altos precios y las escasas ofertas nos llevaron al
Atlantic Sal Hostel, 80€, ubicado cerca del mercado municipal a cinco minutos andando de la playa. Sin duda la mayor tomadura de pelo que he visto jamás. Una súper mierda, una vergüenza, su valor no supera los 15€. Habitación pequeña, sucia, sin ventilador, baño compartido sucio, wifi no funciona, hay cortes de agua...
La calle principal de Santa Maria es la Rua 1 de Junho, una animada avenida peatonal donde se pueden apreciar casas de estilo colonial pintadas en vivos colores. Está repleta de animadas tiendas, galerías de artesanía local, tiendas de recuerdos, hoteles, cajeros automáticos, cafés, bares y restaurantes. Una zona exclusiva para turistas a precios europeos e incluso más altos. Un cabo verdiano que no sea de esta isla, poco viajado, ni sospecha que existen lugares así en su país. El otro atractivo urbano del pueblo es el Mercado Municipal, aunque ha dejado de ser una fuente local de abastos para orientarse al turismo. Está ubicado en un edificio de dos plantas abierto en el centro, donde en la planta baja se ubican los puestos de frutas y verduras, y en el primer piso las tiendas de souvenirs y artesanía. Precios altos.
Leonardo Café, restaurante italiano en un callejón junto a Rua 1 de Junho. Carta con
pizzas y pasta a precios italianos. Bonita terraza, con clientela exclusivamente extranjera. En el local de al lado tocan música en vivo una guitarra y un trombón de pistones.
Café Criolo, en el extremo más alejado de Rua 1 de Junho, clientela que combina locales y turistas. Muy buenos desayunos a precios moderados. Estuvimos dos días,
cachupa y huevos fritos con bacon un día, plato criollo (
English breakfast sin
beans pero con cachupa) y dos yogures naturales, el otro.
George's, caldereta con atún y gambas acompañado de arroz blanco. Aunque lleno de turistas mantiene el ambiente local.
Palm Beach Tropical, Santa Maria Beach. Cachupa Rica y
tuna and rice poke, cerveza,
virgin mojito (sin alcohol). Fantástico restaurante en la playa, todo el cubierto y protegido del sol. Precios europeos, solo hay turistas.


La
Playa de Santa Maria es una de las más bonitas, sus 3,5 km de fina arena dorada y aguas turquesa, son ideales para nadar o tomar el sol. Está delimitada entre los grandes
resorts vacacionales RIU y el Porto Antigo. En el paseo se alinean un sin fin de hoteles uno junto al otro, y sobre la cálida arena hay algunos chiringuitos, además de todos los turistas de la isla. En medio está el
Pontao, un muelle de madera donde llegan los pescadores a primera hora de la mañana cargados de pescado, mucho atún, que luego cocinaran allí mismo o venderán a los restaurantes locales. Es cierto que siempre está siempre muy concurrida, pero merece la pena la visita.

A media hora andando del centro se encuentra Ponta Preta, una de las playas más espectaculares de la isla, muy concurrida por quienes practican surf, windsurf y kitesurf. En su bonita arena dorada apenas hay toallas, suele hacer mucho viento, las olas son altas y poderosas, hay fuertes corrientes, y bañarse a más de 30 mts de la orilla parece una temeridad a no ser que lleves una tabla. Pero es un pequeño paraíso de aspecto salvaje y solitario, que invita a intentarlo. Solo hay un chiringuito con una buena carta de pescado. Otra opción es tomar un cerveza contemplando la puesta de sol.


Por último tenemos
el cementerio de las conchas, una zona costera de unos 300 mts de largo, donde se han ido acumulando durante los años (seguramente de manera artificial) miles de conchas, rotas en su gran mayoría, ofreciendo un aspecto curioso. Mala zona para el baño ya que la abundancia de piedras y las propias conchas dificultan mucho el acceso.