Y así empieza este viaje, con un familiar fin de semana en Lisboa. Tres dias mal contados, debido a la mala combinación de vuelos,
y un tiempo lluvioso que no favoreció el turismo. El resto de la semana viajo solo día a día hacia el norte: murallas, caballeros templarios, apariciones de la Virgen, universidades, bacalao y callos, de todo hubo para visitar.
Portugal es barato, comparado con Barcelona al menos. Es fácil encontrar hoteles a partir de 20€ fuera de la capital, y se puede comer a la carta desde 12-15€. Las raciones son generosas y es difícil quedarse con hambre, y la comida exquisita y familiar. En las mesas de algunos restaurantes al sentarnos hay pequeños platos de jamón, queso, mantequilla, pulpitos, patés, olivas... No son un ofrecimiento de la casa, solo se paga si se consume. Para evitar tentaciones innecesarias podéis pedir que los retiren. Precios usuales son: sopa do día 1,10 (habitual en todo los restaurantes del país), plato de pescado con verduras y patatas entre 6 y 10€, postres 2€. La comida es sin duda el mayor atractivo de Portugal.
Moverse por el país es fácil Las carreteras estan en buen estado (aunque ellos conducen como las cabras), el tren es puntual y comodo, los autocares comodos, y en ambos casos hay una amplia oferta.
Todas las ciudades se pueden recorre a pie, y tan solo en Lisboa y Oporto es necesario coger transporte público para llegar a algunas atracciones turísticas.
Lo dicho, no será mi primera elección, pero si queréis un cercano, bonito, barato, comodo, tiempo apacible, y sobre todo buena comida, Portugal no os defraudara. |